La torre de una bodega

Bodegas Arizu, foto de época

Aspecto del edificio, enero 2009
La obra se destacó por la construcción de 40 grandes piletas enterradas, de 4,25 metros de profundidad, con capacidad para almacenar hasta 1,2 millones de litros de vinos de distintas cepas. Todo el subsuelo contaba con una inquietante red de pasillos-calles iluminados con arcos fluorescentes. En la fábrica se ubicaba la planta fraccionadora con capacidad para producir 2 mil cajones de vino por día (unas 20 mil botellas) y disponía de sala de primeros auxilios, oficinas administrativas y hasta un taller mecánico propio para camiones y vehículos en general.

Vista del puente negro desde la terraza de la torre
Respecto a la torre que organizaba la planta, alcanza los 19 metros de altura, dividida en tres pisos por los cuales se realizaba la ditribución del vino filtrado, mientras que en el último nivel se ubicaba un tanque con capacidad para mil litros de agua. El elemento estaba coronada con una terraza que permite una “hermosa vista de la ciudad y parajes cercanos”.

La terraza a 19 metros del piso, con vista hacia la avenida Cerri.

Ultimo tramo antes de llegar a la azotea, con una escalera exterior.Las cabriadas han sobrevivido al desguace.

Ventanales, vista hacia la escalera del puente negro.

Los piletones subterráneos antes de comenzar la obra de apertura de la avenida Cerri hacia Chiclana, enero 2009.
—
Del tiempo aquel
La calle me lleva sin que se lo proponga…
Aminoro la marcha y con respeto me acerco.
Una bodega, otrora altiva y prestigiosa,
se presenta ante mí, vestida con hilachas
de un lejano apogeo.
Me enfrenta, como pidiendo asistencia…
La veo, pero no distingo bien sus formas…
No sé donde centrar mi mirada,
para poder imaginarla entera.
El esqueleto sigue fiel al pasado,
aunque se ha dejado atravesar
por las ramas de atrevidos árboles,
que no tienen en cuenta su historia.
Extraños mensajes se leen en sus muros.
Y en su suelo reina la anarquía,
entre escombros y yuyales…
Me acerco y observo que nadie me mire.
Apoyo mi oído en una pared a punto de caer…
Y para mi asombro, alcanzo a oír
algo similar a unos latidos…
Está viva…
Yace casi en ruinas, pero expectante…
La falta de ventanas le impide ver.
Entonces, decide mentirse una vez más,
y ordena a su torre que observe,
que otee el entorno y le cuente.
La torre la mira con ternura y complacencia.
Ella también está mal, pero la acompaña de pie.
Fiel a su amiga, le cuenta, lo que ella quiere oír.
“Veo varios carros esperando la llegada del tren,
y el sudor de caballos fatigados esperando el relevo.
Familias con niños que corren a la estación
con gran cantidad de bultos y rezongos.
Suena el silbato de un guarda
y se mezclan los vapores de las máquinas.
La fuente cercana nos regala el transcurrir de su agua
y mengua el calor de los animales.
Aquí enfrente, aguarda el nuevo turno para entrar.
Hombres y muchachos, ropa de fajina, el alboroto de cada día.
Más allá, fondas y cantinas cargadas de gente de paso.
Los burdeles aguardan su hora,
y el farol al compadrito de turno.
Aquí cerquita, en el puente, lo de siempre,
amores calladitos y apretados…
Un puesto de flores, y un diariero acostado
sobre el diario que no vendió…”
…………………………………………………………….
Ella suspira…y sonríe con tristeza.
Sacude los pájaros de sus cabriadas
e insiste en que me vaya,
para gritar, desde su torre, el último adiós.






